Abe's Brain

viernes, abril 07, 2006

Demon Days

Dado que me han insinuado de una forma, más bien, poco sutil que debería actualizar vamos a ello. Y diréis, con todos los meses que han pasado tendrá por lo menos… ehm… 5 posts que ofrecernos. Pues no, si esto no se actualiza es porque no hay con qué actualizarlo. Estoy tan sumamente estancado y mi vida se ha vuelto tan anodina que he tenido que juntar tres ideas para tres posts en uno sólo con tal de hacerlo mínimamente interesante. De hecho, hasta hace unos minutos no existía esta introducción, y el verdadero post comienza aquí:

Pereza



Cansado de la silla que tengo en mi habitación; porque con el ordenador se navega, se baja, se anda, se sube, se está… pero no se maneja como una Harley, decidí comentarles a mis padres que necesitaba una silla nueva. Hacer esto es como salir e ir a decírselo a un funcionario al azar. Así que varias semanas después yo seguía sin silla nueva, por lo que tras un “nos vamos a Ikea, pero ya”, nos presentamos en Parque Principado a las nueve y pico de la noche. Sólo puedo decir que Ikea, un día por semana, a las nueve y pico de la noche es una pasada. Hicimos el recorrido guiado de arriba sin encontrarnos prácticamente a nadie.

Al final me compré una Allak. Siempre había querido tener una de las típicas sillas de oficina, negras, de piel (imitación, claro, en este caso), con ruedas y encima era de las más baratas. La tuve que llevar, me daba igual que no fuese para una oficina. Y lo cierto es que era de las más cómodas. Había una de 300 euros que, aparentemente, parecía una silla de escritorio normalita y, al sentarse, como dos tablas de madera perpendiculares; eso sí, para la espalda debía de ser la leche, digo yo.

Luego para rematar el motivo familiar nos fuimos a cenar al Pans. Uno no rechaza un bocadillo del Pans, aunque sea con sus padres. Y la verdad es que estuvo bien, me sentí como cuando iba de niño con ellos al Carrefour de Gijón (creo recodar) y cenábamos en el Nostrum los sábados (en contraposición, claro, a lo habitual, que es sentirme como un niño, pero sin cena gratis)

Gula



Justo una semana después, como si hubieran podido leer cómo en mi mente se cuajaba un post sobre el día de compras, justo cuando entro por la puerta de casa después de haber estado todo el día fuera (y becaría+clase+inglés => cansancio), mi madre me suelta un “vamos a Ikea” que me deja descolocado. Sólo hacía una semana que me habían comprado la silla, no podía decir que pasaba y quedar como un interesado, tocaba quedar como un buen hijo.

Así que repitiendo la operación, salvo por lo de las sillas, nos encontramos rumbo a la cena cuando pasamos por delante de un Buffet Oriental al que mi madre nos arrastró. Llamadme raro pero lo de meterse en un buffet libre a cenar para acabar tan asquerosamente lleno que ni siquiera puedas dormir no me parece una gran idea. A los buffets se va a desayunar o a comer para saltarse la siguiente de las 3 comidas diarias. Pero allí estábamos, y la verdad es que la impresión no fue muy buena. Ya puestos, me había hecho a la idea de que, al menos, podría probar unos cuantos platos nuevos; pero lo primero con lo que me encontré fue con croquetas y ensaladilla, decepcionante. Después de probar esos manjares asiáticos, al levantarme a por otro plato, descubrí que por otro pasillo había sushi; eso ya estaba mejor. Pero, una vez más, el resultado no fue el esperado; el pescado estaba muy rico sí, pero el arroz tenía un sabor dulzón que no me acabó de convencer.

Me levanté otra vez (ya por compromiso, porque es un buffet libre y se va a lo que se va) y descubrí que tenían pollo con almendras. Al grito de “las almendras pa mí”, me hice fuerte en la bandeja y se serví unos trozos de pollo con ración extra de almendras. Luego resultó ser cerdo, pero daba igual, yo tenía almendras de sobra en el plato.

Como era de esperar, a la una y pico de la mañana seguía despierto boca arriba en la cama

Envidia



Para todo aquel que seguía el blog, mordiéndose las uñas, con ansías por saber que me iba a comprar con el dinero de la beca, diré que me compré el iPod. Unos días después del examen de Tecnología Electrónica me dije a mí mismo “si apruebo me compro un iPod”. No porque me lo hubiera ganado ni nada así, sino más bien porque las probabilidades me parecieron como tirar una moneda al aire; y tirar una moneda al aire para decidir es una buena forma de saber si quieres algo o no. Claro que no contaba con suspender, pero aprobar tras ir a la revisión; así que las ganas iniciales estaban algo confusas sobre qué se debería hacer. Pero bueno, después de todo había aprobado, y lo suyo era cumplir la apuesta.

Me lo pillé de 60 gigas. Lo cierto es que no pensé a fondo si el de 30 me bastaba. Es decir, calculé unos 300 y pico discos que entrarían en ese; pero no se me ocurrió pensar en si tenía tantos discos. Ahora me doy cuenta de que el de 60 no llegaré a llenarlo jamás (ni me acercaré mucho). Pero soy un agonías y sé que si me hubiera comprado el de treinta gigas, al pasar la barrera de los veinte estaría todo mosqueado y comenzaría a borrar música (y tampoco metería ningún vídeo grande)

El reproductor en sí está bastante bien. Pero aún no comprendo por qué se dedican otras marcas a copiar la rueda de control si no es para tanto


Y poco más que contar de momento. Si no me he suicidado con una serie de barbitúricos al azar es porque suena como demasiado emocionante. Me voy a desayunar

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