I don't really wanna be me no more
El otro día estaba tumbado en la cama, pensando, sin poder dormir; desvelado y con la mente trabajando en modo hiperactivo (si tuviera que ponerle voz a mis pensamientos sería la de Woody Allen). Después de un rato llegué a la conclusión de que estaba estancando, de que mi vida se había estancado, a mis 23 años... Y el caso es que es verdad, no es un pensamiento neurótico-depresivo que desaparece a la mañana siguiente.
He calculado que, en términos generales evidentemente, mi vida no ha variado demasiado en los últimos... ¿2, 3, 4 años?. En concreto este último curso académico. Porque si el anterior era el típico año extra para acabar el proyecto, ¿qué demonios se supone que es éste? Si el anterior era el curso añadido, éste es una rebaba. La verdad es que no me agradó demasiado la, digamos, revelación. Ver que has llegado al tope, o al fondo, con veintipocos es para deprimirse.
Así que dispuesto a dar un giro (pequeñito, me conformo con unos grados; nada de 360 y vuelta al mismo sitio ó 180 y retroceder) decidí remediar la situación. Lo primero, cortarse el pelo, un nuevo corte a ser posible; y, quizás, comprarme algo de ropa nueva (pero del mismo estilo). Hasta aquí la Superpop no proporcionaba más consejos de cómo dar un cambio a tu vida, de modo que voy a tener que ir improvisando. Lo vital es acabar la carrera, estoy francamente cansado. No es que me queje de mi vida de estudiante, pero, como digo, este año es el limbo. Y después no sé, pero es evidente que ese tiene que ser el primer paso. No me deja hacer otras cosas. No puedo aprender cosas que me interesen y que no me ayuden a acabarla, no puedo coger becas mejores; o al menos no sin sentirme mal por ello.
No sé si seré capaz, pero al menos esta vez queda constancia por escrito. La conclusión es: no más café a partir de las ocho de la tarde
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